Por qué San Martín no fue masón: una síntesis


Por qué San Martín no fue masón

Una síntesis, a partir de los artículos ya publicados

Por: Felix Pavan


EN SÍNTESIS: No existe un solo documento que pruebe que San Martín fue masón. Sí existen 5 pruebas documentales de que no lo fue. Esta nota resume a Furlong, Carbia y Moreno.

→ Leer el artículo completo de Moreno (2017)
→ Leer el artículo de Rómulo Carbia (1942)

Constantemente circula la afirmación de que el general José de San Martín fue masón. La escuchamos en charlas de café, en redes sociales, hasta en boca de personas con formación histórica seria. Y sin embargo, cuando uno va a buscar la prueba concreta, algún documento, la fecha, el testigo, la logia con nombre y apellido, esa prueba nunca aparece. Lo que aparece, en cambio, es una acumulación de sospechas, de "se dice", de fuentes que citan a otras fuentes que a su vez no citan nada.

Después de recorrer con cuidado lo que escribieron sobre este tema tres autores de rigor muy distinto entre sí, el padre Guillermo Furlong, el historiador Rómulo Carbia y el abogado y profesor Edgardo Atilio Moreno, creemos que se puede afirmar con tranquilidad de conciencia que San Martín no fue masón. Y no lo digo por devoción personal a la figura del Libertador, sino porque es lo que indican los documentos, y porque incluso los autores menos dispuestos a la hagiografía sanmartiniana llegan, en este punto en concreto, a la misma conclusión.

Vamos por partes.

1. La acusación nació después de su muerte, y de la mano de sus enemigos

Lo primero que hay que notar es algo elemental: mientras San Martín vivía, nadie serio lo acusaba de masón. La versión empezó a circular recién hacia 1880, casi treinta años después de su muerte. Y quienes la promovieron con más fuerza en el siglo XX fueron, llamativamente, historiadores que eran ellos mismos masones confesos y militantes. El caso más claro es el de Augusto Barcia Trelles, un masón grado 33, autor de una biografía de San Martín que sostiene su condición masónica sin aportar jamás un documento que lo pruebe.

Cuando a Barcia Trelles se le pidió alguna prueba, su respuesta fue que los archivos de las logias "habían sido destruidos por los nazis durante la ocupación". Es, siendo muy generosos, una excusa que no resiste el menor análisis: no explica por qué no hay rastro alguno en Inglaterra, en Argentina, en Chile, en Perú, países donde ninguna ocupación nazi destruyó ningún archivo.

Comparemos ahora esta acusación sin fundamento con lo que decían, en cambio, dos hombres que conocieron a San Martín, que fueron masones ellos mismos, y que no tenían ningún motivo para protegerlo: Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. Ambos, en sus escritos, negaron expresamente que la Logia Lautaro (a la que San Martín sí perteneció) fuera una logia masónica. Mitre fue incluso Gran Maestre de la Masonería argentina, y aun así escribió que la Lautaro "no formaba parte de la masonería y su objetivo era solo político". Si algún masón hubiera tenido interés en sumar a San Martín a la nómina de "hermanos" ilustres, ese habría sido sin duda alguna Bartolomé Mitre. Y sin embargo, no lo hizo.

Con esto nos parece que queda patente el primer punto: en vida nadie lo acusó de masón. Luego de muerto, los masones no dijeron nada. Y el único que habló, no tuvo prueba alguna para presentar.

2. La Logia Lautaro existió. Pero no era masónica

Acá conviene ser precisos, porque es el punto donde más se confunde a la gente. Nadie niega que San Martín perteneció a una sociedad secreta: la Logia Lautaro, continuadora de la de los Caballeros Racionales de Cádiz. Eso está documentado y nadie lo discute.

Lo que hay que entender bien es qué era esa logia. Utilizaba, sí, formas externas tomadas de la masonería: rituales, juramentos, jerarquías, el secreto. Pero no debemos confundir forma con contenido. El propio Rómulo Carbia (que, como veremos, no es precisamente un panegirista acrítico de San Martín, y es citado en parte como “abogado del diablo”) lo explica con toda claridad: ni la Lautaro ni la logia hermana de los Caballeros Racionales "se ofrecieron nunca como arquitecturadas para una acción abierta de naturaleza anticlerical o antirreligiosa".

Hay, además, una prueba documental contundente que muchas veces se pasa por alto: una circular interna de la propia Logia Lautaro, fechada el 21 de diciembre de 1816, que ordenaba expresamente "no atacar ni directa ni indirectamente los usos, costumbres y religión", y que consideraba a la religión como "un sagrado de que no se permitirá hablar sino en su elogio". Es difícil imaginar una instrucción así saliendo de una logia masónica, cuyo objetivo declarado, desde la condena de Clemente XII en la bula In Eminenti de 1738, es precisamente combatir a la Iglesia.

3. Su catolicismo no fue un gesto aislado: fue un patrón sostenido durante toda su vida pública

Acá es donde el trabajo de Furlong resulta más valioso, porque no se limita a defender a San Martín de una acusación puntual, sino que reconstruye, episodio por episodio, un patrón de conducta que se sostiene desde su juventud hasta su muerte en Boulogne-sur-Mer.

San Martín ordenó el rezo diario del rosario en su ejército, aun a sabiendas de que sus soldados hubieran preferido "matear y contar cuentos del fogón" antes que rezar todas las noches. Dotó a su tropa de capellanes y se preocupó personalmente de que no faltaran confesores para sus hombres. Nombró a la Virgen del Carmen "Generala" de su ejército, en una ceremonia pública y solemne antes de cruzar los Andes, y le entregó su propio bastón de mando como ofrenda tras la victoria de Chacabuco. Redactó, para su ejército, un código militar que castigaba la blasfemia con una severidad que no tiene parangón en ningún otro ejército americano de la época. Como gobernador del Perú, estableció en el Estatuto Provisional de 1821 que la religión católica era la religión del Estado, y que ningún funcionario público podría ejercer su cargo sin profesarla.

Ninguno de estos actos es compatible con la masonería, organización cuyo objetivo explícito, históricamente, fue apartar al catolicismo de la vida pública de las naciones. Un masón no funda la confesionalidad católica de un Estado. Un masón no persigue penalmente la blasfemia. Un masón no nombra a la Virgen como patrona militar de su ejército, con toda la pompa de una procesión y un Tedeum.

4. ¿Y qué hacemos con Carbia, que concluye algo distinto?

Rómulo Carbia, en su artículo "San Martín y la Iglesia" de 1942, llega a una conclusión que nos parece errónea.: para él, San Martín fue "un creyente despegado de toda práctica religiosa personal", un "cristiano libre", pero no "un católico verdadero" en el sentido pleno del término.

Es una conclusión, como poco, discutible, y que de hecho Furlong refuta extensamente con muchísima más evidencia documental que la que maneja Carbia en su breve artículo. Pero hay algo importante que no debemos perder de vista: incluso Carbia, con esa mirada más negativa hacia la piedad personal de San Martín, rechaza de plano y sin ninguna ambigüedad la acusación de pertenencia a la masonería. Es explícito: ni la Lautaro ni los Caballeros Racionales tuvieron jamás un programa anticlerical, y la versión de un San Martín "impío" que "simulaba" su fe para engañar a los incautos (versión que arranca del testimonio de Lord Cochrane, su enemigo personal declarado) es, en sus propias palabras, "una infamia".

Con otras palabras: aun el autor menos inclinado a hacer de San Martín un modelo de virtudes católicas, coincide plenamente en un punto: no existe prueba alguna de que haya sido masón. La discusión seria, entonces, no es si masón o católico, sino católico practicante o católico menos practicante.

Es un tema que lo trataremos en breve en este mismo blog. Pero la acusación de masonería es otra cosa completamente distinta, y en ese punto específico, tanto Furlong como Carbia como Moreno están de acuerdo: no hay ni la más remota posibilidad.

5. Sus enemigos, no casualmente, sí eran masones

Un último dato que Moreno documenta con precisión y que merece ser destacado: quienes se convirtieron en los enemigos más feroces de San Martín dentro del propio proceso emancipdor (Bernardino Rivadavia, Carlos de Alvear, José Miguel Carrera) sí eran masones declarados, y fueron precisamente ellos quienes frustraron el proyecto sanmartiniano de una independencia americana ordenada, con una monarquía constitucional que evitara la fragmentación del continente en "republiquetas" débiles y manejables desde afuera. La balcanizacion americana no fue obra de San Martín, sino de la masonería encarnada en sus enemigos: Solve et coagula.

La lógica es, además, elemental: si la operación política del momento consistía en desprestigiar a quien se oponía a la balcanización de América, la acusación más eficaz que se le podía endosar a ese hombre era la de pertenecer a la misma secta que en realidad lo combatía.

Conclusión

Cuando se pone en fila la evidencia disponible: la ausencia total de documentación probatoria por parte de quienes sostienen la acusación, el testimonio de masones contemporáneos a San Martín, que negaron el carácter masónico de la Lautaro, las respuestas oficiales de las propias logias inglesas e irlandesas, la circular interna de la Lautaro que prohibía tocar la religión, y sobre todo, décadas de conducta pública sostenida, coherente y documentada en favor del catolicismo, la balanza no deja lugar a dudas.

San Martín no fue masón. Y para quienes se han encargado de revisar con cuidado el conjunto de su obra pública, fue mucho más que eso: fue un católico práctico, consciente de que la fe no era un asunto privado sino un principio que debía ordenar también la vida de los pueblos que ayudó a liberar.

La calumnia de la masonería no nació de los documentos. Nació de la conveniencia de quienes necesitaban, para justificar sus propios proyectos, arrastrar al Libertador a su propio bando.


📚 TRILOGÍA COMPLETA: ¿FUE MASÓN SAN MARTÍN?

Si te interesó esta síntesis, te recomiendo leer los otros 2 articulos aqui citados:

👉 Parte II: ¿Fue masón el general San Martín? - Por Edgardo A. Moreno (con las pruebas documentales de Inglaterra, España y la circular de la Lautaro)

👉 Parte III (con reparos respecto a su afirmacion de cristiano libre): San Martín y la Iglesia - Por R. Carbia (el testimonio de 1942 que explica su fe)

Círculo Nacionalista de Santiago del Estero - Verdad y Patria

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