¿Fue Malvinas una guerra justa? Análisis según Santo Tomás - Dr. Fracchia
Malvinas, ¿Fue una guerra justa? (ST, II-II, q. XL, a. I)
Autor: Dr. Andrés D. Fracchia
Santo Tomás aborda la licitud de la guerra dentro del Tratado de la Caridad (II-II, q. XXIII - XLVI). Entiende la guerra como vicio opuesto a la virtud de la caridad. En particular, como opuesto a la paz, que es, a su vez, efecto de aquélla virtud. Ahora bien, pese a éste primer rechazo que el aquinate manifiesta, como regla general, a la guerra, formula luego ciertas excepciones. Nuestro pensador se pregunta si es siempre pecado guerrear, y la respuesta es negativa. A partir de allí, se elabora la teoría de la licitud de la guerra, bajo ciertas circunstancias.
“Tres cosas se requieren para que sea justa una guerra” nos dice el santo:
- Autoridad del príncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra.
- Causa justa.
- Recta intención de los contendientes.
Autoridad del príncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra
Está vinculado a la cuestión del Bien Común. En principio, los particulares no pueden hacer uso del derecho de guerra, sino la persona en quien reposa la responsabilidad de las res pública. Modernamente se entiende en quien ejecuta la soberanía de un Estado, porque la declaración de guerra supone el ejercicio de un acto de soberanía, atributo que, como tal, no le corresponde a una persona privada en particular, sino a la comunidad jurídicamente organizada. Autoridad del príncipe equivale a legitimidad para asumir la decisión, a los fines de evitar la subversión que implicaría que grupos particulares -por más numerosos que sean- se arroguen el derecho a proclamar una guerra en nombre de la Nación. En este punto, el derecho natural se enfoca principalmente a la llamada “legitimidad de ejercicio” y no tanto a la “legitimidad de origen”. En síntesis: existiendo autoridad legítimamente soberana para declarar la guerra, ningún particular, o grupo de particulares, podría usurpar sus funciones para hacerlo. Algunos elementos que aportan al ejercicio de esa autoridad: la prudencia. Ello se vincula con las condiciones serias de éxitos de las que nos habla el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 (núm. 2309).
Causa justa
¿Qué entiende Santo Tomás por “causa justa”? Que quienes son atacados lo merezcan por alguna causa. Y cita también a San Agustín: “Suelen llamarse guerras justas las que vengan las injurias; por ejemplo, si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos o restituir lo que ha sido injustamente robado”.
El odio, la envidia, el resentimiento y la ambición no son causas justas de guerra. En el fondo, solamente la necesidad de castigar o reprimir una grave ofensa al orden natural puede ser causa legítima de guerra: “la única y sóla causa de hacer guerra es la injusticia recibida”. Si el fundamento de la paz es ante todo espiritual, porque consiste en la caridad y en el orden justo de los bienes, y la guerra debe buscar la paz, entonces la clave de la guerra como sanción jurídica y moral debe ser ese significado espiritual, como justificativo moral que tiende al restablecimiento de la paz mediante la reparación del orden justo.
Pero, ¿Qué injurias, qué ofensas pueden merecer el castigo de la guerra? Comenta el padre Guillermo Fraile que el delito debe ser “gravísimo, consciente, deliberado y mantenido” pues “no basta una injuria cualquiera para declarar la guerra”. En ese sentido, se entiende que el daño sufrido debe ser grave y atentar contra los intereses supremos de la Nación, lesivo para la soberanía, contrario al derecho natural y al derecho internacional público, que amenace a los bienes constitutivos de la Patria. Además de ello, el agresor debe tener conciencia del perjuicio que ocasiona. En cuanto a que sea deliberado, significa premeditado y voluntario. Se conoce que un daño es deliberado cuando pese a los reclamos y protestas es mantenida por el agresor. A ello se suma la ineficacia de los medios pacíficos.
Recta intención de los contendientes
No refiere ella al fin objetivo que persigue (materia moral) sino a la intención con la cual ha sido declarada, a la finalidad perseguida por quienes usan de su autoridad y derecho a declararla (forma moral). La intención de la guerra puede entenderse con dos notas: el modo de conducir las operaciones bélicas; y las condiciones de paz que se imponen al vencido.
El mejor índice para reconocer la rectitud de intención son los términos de paz resultante. Si, como decía Aristóteles, el fin de la guerra es la paz, y se combate contra un enemigo injusto y enemigo de la paz, se debe proponer un entendimiento que elimine las causas de la guerra y establezca un ordenamiento nuevo al que se sometan todas las partes, para satisfacción de la justicia sin la cual no puede haber paz duradera.
Para emprender una guerra es necesaria la intención de refundar la Patria en Cristo, como decía San Pío X: instaurare omnia in Christo. Con ello seguiremos simplemente el tradicional ejemplo de los fundadores de la nacionalidad que la instituyeron católica y occidental desde su nacimiento. Negarse a ésta intención es combatir con intención torcida.
¿Se reunían estas condiciones en Malvinas?
Dr. Andrés D. Fracchia
Bibliografía:
- SANTO TOMÁS de AQUINO. Summa Theologiae.
- EZCURRA MEDRANO, Alberto. Moral Cristiana y guerra antisubversiva.
- CASTRO CASTILLO, Marcial. Fuerzas Armadas, ética y represión.
- Catecismo de la Iglesia Católica. n.° 2309.
Comentarios
Publicar un comentario