14 de Junio: Día de la Máxima Resistencia | Malvinas - Felix Pavan
Autor: Felix Pavan
I. La Ofrenda en el Altar de la Patria
Hoy, 14 de junio, detenemos el paso ordinario de las horas para volver los ojos al Sur (allí donde la tierra se hace vigilia y el mar, sepulcro). No conmemoramos el fin de una batalla en los términos del siglo, ni la rendición de las armas ante el número y la astucia del usurpador. Conmemoramos, con la seriedad de quien sabe que la Historia es el escenario de la Providencia, el Día de la Máxima Resistencia.
La patria no es una delimitación jurídica ni un contrato entre voluntades soberanas. Es algo anterior: un principio de nuestro ser. Después de Dios, el hombre es deudor de sus padres y de su tierra. El amor a la tierra de los mayores no es sentimentalismo estéril; es una virtud aneja a la justicia.
Nuestros héroes (los que en el frío y el barro de 1982 no se rindieron hasta el límite de las fuerzas humanas) no hicieron más que cumplir ese orden sagrado. Ofrendaron sus vidas a Dios en el servicio de la patria, sabiendo, quizás sin saberlo de forma explícita, que la muerte honrosa es el momento más alto de la existencia.
II. El Misterio de lo Perdido y la Prueba del Dolor
"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados." (Mt. 5, 4)
Miramos hoy aquellas islas, nuestras islas, y sentimos el dolor de la amputación. Aquellas turberas, aquellos montes, dos hermanas cautivas bajo el pabellón de la herejía y el colonialismo, nos fueron arrebatados. Pero en los designios de Dios, la pérdida no es olvido; es prueba.
La Providencia permite a veces el triunfo transitorio del mal para purificar la fe de los pueblos. Aquella derrota material fue, en el fondo, la hora de la máxima gloria espiritual: en las trincheras se rezó el Santo Rosario, bajo el rugido de los cañones se celebró la Santa Misa, y con sangre criolla se selló el derecho inalienable de nuestra Cristiandad hispánica sobre el Atlántico Sur. Los cuerpos de nuestros caídos son las reliquias que consagran ese suelo como tierra santa y argentina para siempre.
III. Súplica por los Héroes y el Fuego de la Esperanza
Por los que quedaron allá: rogamos al Señor de los Ejércitos y a Su Madre Santísima, la Virgen de Luján, que guarde las almas de los soldados que custodian el archipiélago en el sueño de la muerte. Que la tierra les sea leve y la Luz Perpetua los ilumine, habiendo cumplido el mayor mandato de la caridad.
Por los que volvieron: pedimos la gracia de la fortaleza para los veteranos que caminan entre nosotros, testimonios vivos de una gesta que el mundo moderno y materialista pretende sepultar en el olvido.
IV. Promesa de Retorno
El fuego que encendieron los cañones en el invierno de 1982 no se ha apagado. Sigue ardiendo en las catacumbas del alma nacional, allí donde la fe se mantiene intacta frente a la apostasía reinante.
Las Malvinas son y serán nuestras: por derecho divino, por herencia española, por geografía y por el bautismo de sangre de nuestros mártires. La resistencia no ha terminado; se libra cada día en la defensa de los altares, de la familia y de la tradición. Confiamos en que la historia pertenece a Nuestro Señor Jesucristo, Rey de Reyes.
Algún día, cuando la Providencia lo disponga y la Patria se reconcilie con su destino católico, volveremos. Volveremos a aquellas islas para arriar el trapo de la usurpación y elevar, bajo la Cruz, la enseña celeste y blanca que nunca debió descender.
¡Vayan nuestros héroes a la gloria de Dios!
¡Viva la Patria!
Cristo Vence · Cristo Reina · Cristo Impera
Excelente articulo, impecable conjuncion de amor a Dios y a la Patria. uno de los mejores textos que lei. Felicitaciones Felix. Espero leerte mas seguido.
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