El sionismo cristiano — Edgardo Atilio Moreno

Lutero pega sus errores en la pared. Origen del sionismo Cristiano.

El sionismo cristiano

Por: Edgardo Atilio Moreno

Publicado en el N.° 8 de la revista Patria Redentora, 25 de julio


El largo conflicto que, desde mediados del siglo pasado, se vive en Medio Oriente puso de manifiesto algo que hoy nadie desconoce: la férrea alianza que existe entre el Estado de Israel y los Estados Unidos de Norteamérica.

Otra cosa que resulta hoy también evidente es que esa estrecha alianza no necesariamente refleja el sentir del pueblo estadounidense, ni sus intereses, sino que es el resultado del accionar de un poderoso lobby sionista que presiona en ese sentido.

Ahora bien, lo que el común de la gente no sabe es que este lobby sionista en Norteamérica (y en el mundo) cuenta a su vez con un aliado importantísimo: el sionismo cristiano.

Quienes escuchen por primera vez la expresión "sionismo cristiano" probablemente crean que estamos hablando de algo rarísimo, incluso de algo sin sentido, de una cosa absurda, descabellada, de una contradicción en los términos, dado que judíos y cristianos practican religiones diferentes. Pues bien, la cosa lamentablemente no es así, y esta expresión tiene un fundamento lógico que pasaremos a explicar.

Pero antes de pasar a ello, conviene aclarar que cuando hablamos del sionismo no nos estamos refiriendo ni a los semitas, ni al judaísmo, ni a la religión judía. Judaísmo y sionismo son dos cosas diferentes. De modo que cuando se hace una crítica —por dura que sea— a la política sionista del Estado de Israel, esto no tiene nada que ver con el antisemitismo, ni con el antijudaísmo; ya que —como decía un gran patriota argentino, el judío Jacques Zoilo Scyzoryk— "el sionismo es un neoimperialismo disfrazado de judaísmo".[1]

El fundamento teológico

Aclarado esto, pasemos a explicar lo que viene a ser el sionismo cristiano. Lo primero que hay que decir al respecto es que estamos ante un fenómeno político con profundas raíces teológicas y espirituales que se remontan a la Reforma protestante de Martín Lutero.

En efecto, para la corriente evangelista fundamentalista, Israel es el pueblo depositario de las promesas terrenales de Dios, mientras que la Iglesia es la depositaria de las promesas celestiales. Por lo tanto, Dios tiene planes distintos para cada uno, y las promesas hechas a Israel siguen vigentes.

Esta interpretación bíblica hunde sus raíces en el milenarismo protestante, según el cual, antes de la Segunda Venida de Cristo existiría un reinado político de mil años de paz sobre la tierra. De modo pues que el establecimiento judío en Palestina es el prerrequisito para que ocurra este acontecimiento.

Por eso —ya en el siglo XIX— muchos clérigos protestantes ingleses promovían la idea de que los judíos debían instalarse en Palestina, pues eso aceleraría el fin de los tiempos.[2] La influencia de este movimiento religioso pro sionista fue uno de los motivos por los que en 1917 el gobierno inglés emitió la famosa Declaración Balfour, que apoyó la creación de un futuro Estado judío en Palestina y la inmigración masiva de judíos a dicho territorio.[3]

El Eretz Israel y la Segunda Venida

En base a esta particular concepción religiosa, mundana y carnal, los sionistas cristianos consideran que todos los actos del Estado sionista deben ser bendecidos y apoyados, pues entienden que cuando Israel ocupe todos los territorios existentes entre el río Éufrates y el Nilo, es decir, la "tierra prometida" por Dios, el Eretz Israel, y se reconstruya el Templo en el Monte, entonces tendrá lugar la consumación de la historia y la Segunda Venida de Cristo.[4]

Es por eso que el movimiento sionista cristiano presiona sobre el gobierno norteamericano y sobre los medios de comunicación, para que este país apoye incondicionalmente la política del Estado de Israel, llevándolo incluso a involucrarse en conflictos bélicos que en realidad lo perjudican.

Una influencia que ya llegó a Hispanoamérica

Nada de esto resulta sorprendente dada la relación existente entre el sionismo y el mundo anglosajón. Lo llamativo es que ahora la influencia de este movimiento también se hace sentir en los países hispanoamericanos, sobre todo en aquellos con fuerte presencia evangélica, como Brasil. Y no queda ahí la cosa: esa influencia se hace sentir también en otros —como el nuestro— en donde ciertos católicos liberales de derecha —que si bien no comparten todas sus posturas— lamentablemente cooperan con estos, toda vez que callan, ocultan o justifican el accionar de Israel reñido con el derecho internacional.[5]

Esto se puede ver claramente entre aquellos católicos argentinos que —con la vana ilusión de combatir el progresismo izquierdista, abortista y pro-LGBT— apoyaron y siguen apoyando al anarcolibertario Javier Milei, "el presidente más sionista del mundo", según sus propias palabras.

Edgardo Atilio Moreno


Notas

[1] Scyzoryk, Jacques Zoilo. Invasión sionista. Pág. 26.

[2] Entre ellos el clérigo John Nelson Darby, quien propagó esta idea entre los pastores protestantes norteamericanos.

[3] El movimiento sionista tiene como texto fundacional el opúsculo titulado El Estado Judío, publicado en 1896 por Teodoro Herzl, según el cual los judíos son una nación que vive en un estado de anormalidad pues carece de un territorio, lo cual es fuente de conflictos entre estos y los pueblos en cuyos territorios habitan; de modo que la única forma de poner fin a estos problemas es dándoles a los judíos un territorio.

[4] Cabe aclarar que, en virtud de las promesas de Dios hechas a los judíos —según esta concepción—, estos no necesitarían reconocer a Cristo para salvarse.

[5] El Tribunal Internacional de Justicia acusó al Estado de Israel de cometer crímenes de guerra en su actual campaña militar en Gaza.

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