De la amnesia a la anámnesis: recensión a “Los nacionalistas y el Proceso” - dr Andres Fracchia
De la amnesia a la anámnesis
Recensión a "Los nacionalistas y el Proceso: el caso santiagueño", de Edgardo Atilio Moreno, por Dr. Andres Fracchia
Los antiguos griegos llamaban a la verdad aletheia. Para ellos, la búsqueda de lo verdadero no consistía en una construcción intelectual, sino en un acto de des-cubrimiento: la acción de quitarle (a) el velo a lo que estaba oculto o velado (lethos). Es, en esencia, un acto de des-vestir la realidad para encontrar su decir profundo. Sin embargo, la historia de las naciones suele estar cubierta por espesos velos que las pasiones del presente tejen sobre los hechos del pasado.
La Argentina de hoy se encuentra frente a un paredón de interpretaciones cruzadas sobre los años setenta: de un lado, el discurso oficial que, por momentos, parece preferir la narrativa de la novela a la crudeza de la crónica; del otro, un discurso "negacionista" que, en su afán de defensa, termina por ignorar las heridas supurantes de nuestra propia historia. Entre ambos, el pasado se vuelve un campo de batalla agonal donde lo que importa no es la aletheia, sino quién prevalece en el relato.
Un libro necesario
Ha salido a la luz recientemente un libro de incalculable valor histórico y de inobjetable rigor científico: "Los nacionalistas y el Proceso: el caso santiagueño", de Edgardo Atilio Moreno.
Como puede inferirse de su título, el objeto del libro, según lo declara expresamente su autor, es "exponer la postura del nacionalismo en Santiago del Estero, durante los años que duró el Proceso Militar, es decir entre 1976 y 1983; a través del análisis de los documentos y declaraciones emanadas de las organizaciones políticas de este signo existentes en dicho período, así como el testimonio oral de algunos de sus integrantes" (de la introducción, pág. 9).
Proponiéndose tal acometido, parte de la premisa consistente en distinguir "el hecho del golpe militar" del "gobierno que surgió a resultas de este" (p. 12). Con un minucioso detalle histórico-cronológico del contexto previo al 24 de marzo de 1976, el autor asevera que los nacionalistas de aquella época, objeto de su estudio, "prosiguieron con su crítica al gobierno, pensando que con un gobierno militar habría por lo menos una remota posibilidad de terminar con el sistema demoliberal, promoviendo una reforma político-constitucional que instaure una democracia funcional u orgánica" (p. 29).
La objetividad de su juicio al reconocer el apoyo al golpe, del cual, según dice, luego los nacionalistas hicieron su mea culpa pública (p. 33), también se manifiesta en la oposición expresa del mismo nacionalismo respecto al gobierno resultante de dicho golpe. De la lectura del libro que se comenta, pueden resumirse las críticas del nacionalismo de aquella época hacia el gobierno militar, en las siguientes:
1) Los militares que condujeron el proceso "no se plantearon en ningún momento encarar una reforma del sistema de representación política".
2) Tampoco en lo económico, pues "la política económica de los militares no había hecho otra cosa que continuar con los lineamientos económicos del Régimen oligárquico y liberal (...)".
3) En cuanto a lo financiero, el modelo procesista "puso en práctica en todo momento el postulado alberdiano de la utilidad y la necesidad del endeudamiento externo", lo que los hizo responsables de "haber puesto al país a merced de los centros usureros internacionales".
4) Lo más álgido se presenta con respecto a la situación de los detenidos sin proceso, o "desaparecidos", en el que el autor remarca que el nacionalismo "supo indicar cuál era el modo cristiano de hacer la guerra al terrorismo", si bien "tal vez se pueda objetar en esta cuestión, la crítica a los militares no fue tan frecuente, ni explícita y directa, como en otros aspectos". Sin perjuicio de lo cual, y luego de un par de aclaraciones, concluye sobre ese tópico que "el nacionalismo argentino en ningún modo fue cómplice o inspirador de la represión ilegal, que tanto civiles como militares, llevaron adelante en contra del terrorismo subversivo, y mucho menos aun lo fue el sector del denominado nacionalismo católico" (p. 45).
Las críticas hacia el gobierno procesista siguen respecto a:
5) El desinterés de los militares liberales "por conservar nuestra identidad cultural".
6) Y respecto a la política educativa, particularmente a la educación universitaria que el mismo gobierno llevó adelante desde marzo de 1976.
Esa serie de críticas expuestas por el nacionalismo argentino de los años setenta, todas ellas documentadas a través del acceso a fuentes documentales directas de la época, dan pie al autor para concluir que "el nacionalismo argentino no tuvo ninguna participación o complicidad con lo actuado por el Proceso de Reorganización Nacional, ni con su política económica, ni con su agenda cultural, ni con los métodos de represión ilegal utilizados para combatir al terrorismo subversivo" (p. 47).
El análisis tan riguroso de las fuentes, que en el particular caso del nacionalismo santiagueño conforma la segunda parte del libro, se complementa con testimonios personales de quienes tuvieron algún tipo de participación o contacto con sus principales referentes de la época, lo que le otorga al trabajo de Moreno un inconmensurable valor en cuanto significa un aporte al debate sobre el rol que el nacionalismo tuvo en la historia reciente de nuestra Patria. Un análisis que, en sus conclusiones, se manifiesta objetivo toda vez que sus juicios no están exentos de críticas u observaciones hacia las posturas objeto de su trabajo, las que se sustentan en las mismas fuentes documentales a las cuales acude.
De la amnesia a la anámnesis
Aristóteles enseñaba en su Política que la ciudad es una unión de ciudadanos que buscan un bien común; bien común el cual no es la sumatoria de bienes individuales sino la posesión de un bien universal e indivisible en el que participan todos sus miembros. Por su naturaleza, la verdad es un típico bien que tiene esa nota esencial de comunidad.
El drama de la historia argentina reciente es que ha dejado de ser un diálogo para convertirse en una polémica. Mientras el discurso oficial de los últimos años ha tendido a "novelizar" los setenta, transformando una tragedia nacional en un relato de héroes y villanos sin matices, el contra-discurso negacionista incurre en el error opuesto: el de suponer que el fin justifica cualquier medio, olvidando que tal premisa solo es válida en el orden metafísico del ser pero nunca en el plano moral.
Quizás haya llegado la hora de pasar de la amnesia a la anámnesis, esa búsqueda de la sabiduría perdida que Platón consideraba la base de todo aprendizaje. ¿Seremos capaces de aprender de nuestros errores o estamos condenados a repetir la tragedia como farsa, en un círculo cíclico que no parece tener fin? La respuesta no está en los discursos que esconden la crítica con complicidad o eluden el compromiso con la historia, sino en la capacidad de mirarnos al espejo con honestidad, para lo cual el libro de Edgardo Moreno tiene el valor de contribuir en esa causa de bien común que es la búsqueda de la verdad.
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